martes, 15 de enero de 2008

El factor de cambio

Así como el segundo que convierte el atardecer en anochecer, la mirada de un amigo que comienza a ser algo más que sólo un amigo, los estudiantes que se imponen para reivindicar la democracia de su país, o simplemente, la gota que derramó el vaso; todo tiene un factor de cambio.

El cambio es inherente y necesario en la evolución de la naturaleza de las cosas, especialmente en la sociedad humana; y permite el paso de un estado a otro de manera sucesiva. La inclusión de nuevos elementos en los procesos hace posible el mejoramiento continuo de los mismos en búsqueda de una perfección inalcanzable.Así pues, se descubre que para el cambio es necesario algo que lo impulse y lo haga efectivo, un elemento desencadenante de la transformación de un proceso que condiciona el paso de un estado inicial a otro diferente. Ése es el factor de cambio.

Este factor nace de la incertidumbre, en una línea delicadamente trazada, casi imperceptible; dando la luz a la inestabilidad anterior al cambio. Es tan sutil que la mayoría de las veces no es siquiera considerado dentro del proceso.Sus cualidades se definen en lo inédito, lo cual hace que sea desconocido y genera rápidamente expectativas —que de no cumplirse sentencian su fracaso—.

También se concretan en lo inesperado, siendo la sorpresa un elemento crucial del factor de cambio ya que produce un sobresalto que debilita aun más al estado en decadencia.La capacidad de sustitución se conjuga con los elementos anteriores. Ésta no se traduce en una sucesión de lo anterior sino en un reemplazo que rompe con la continuidad y supera las expectativas precedentes.

Así pues, se revela que todo lo que parece ser estable está expuesto a cambios, todo lo que se da por sentado está amenazado por su propia fragilidad y todo lo que un proceso quiere mantener por tiempo indefinido está condenado por un germen intrínseco que producirá su propio derrumbe.

La importancia de la intervención del factor de cambio, además de desencadenar y desarrollar el cambio en sí, radica en su sucesión: la generación de nuevos factores de cambio, permitiéndose la transformación perfeccionista en busca de un objetivo siempre inalcanzable, pero igualmente alentador.

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