martes, 15 de enero de 2008

¿Igualdad y libertad… o subyugación?

A lo largo de la historia del siglo XX por medio de documentos, libros, folletos, periódicos y una variada gama de publicaciones impresas y audiovisuales, hemos podido ser partícipes y testigos – simultáneamente – de los acontecimientos que han signado de una u otra forma los destinos políticos, económicos y sociales de las civilizaciones de oriente y occidente. Pero muchas veces ignoramos la procedencia de conflictos, enfrentamientos, puntos de vistas y sobre todo acontecimientos en el plano político dentro nuestro entorno, es decir, carecemos de bases teóricas para emitir un “juicio crítico” sustentado en la historia sobre lo que sucede en el mundo de hoy - específicamente en nuestro contexto – enmarcándonos dentro de lo práctica, lo factible; hechos que acaecen frente a nuestras narices.

De manera particular al mirar a atrás, por ejemplo, es inevitable no toparse con la “Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”. Esta constitución de naciones anti-capitalistas tiene un origen muy interesante y una historia en la que podríamos escudriñar para encontrar muchos acontecimientos de nuestro interés para hacer comparaciones y análisis. Resaltemos, ahora, que existe un punto crucial en la historia de Rusia que determinó su subsiguiente desarrollo - ¿desarrollo? - como una potencia mundial. Este hecho, al que haré referencia es la “Revolución de 1917” o también llamada “Revolución Bolchevique”. Ocuparemos nuestra disertación en comprender qué sucedió en Rusia con la llegada del comunismo como el nuevo sistema de gobierno, basándonos para ello en el libro “Rebelión en la granja” de George Orwell.

Comencemos con una cita de Voltaire: “Detesto lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Esta cita, leída precipitadamente, podría parecernos paradójica, pero al analizarla exhaustivamente desde el tema de la libertad e igualdad surgen muchas incógnitas, de hecho, nuestro mundo está constituido de preguntas que nos encauzan hacia una búsqueda constante de respuestas. Y digo “libertad e igualdad” porque precisamente el régimen Zaarista, un imperio hecho de abusos de poder, violación de las libertades de expresión y derechos humanos, que predominaba en Rusia antes de la toma del “Palacio de Invierno” por parte de los Bolcheviques, condujo a una verdadera explosión social que detonó en la esperanza de un nuevo sistema político en el que todos serían iguales. El gobierno estaría en manos de los obreros y campesinos, se haría realidad la dictadura del proletariado - ya proyectada por Marx -. Fue ese momento histórico el que permitió que Lenin bajo la doctrina de Karl Marx desarrollara un supuesto gobierno “para todos y liderado por todos”.

Pero, ¿Realmente fue un gobierno para todos? ¿Qué pasó con la libertad y la liberación de la subyugación del imperio? ¿Fue el nuevo régimen totalitario comunista la solución a la desgracia en la que estaba sumido el país? Si se buscaba la igualdad y libertad, ¿Por qué la Unión Soviética concentró el poder en sus líderes y no en sus súbditos? ¿Qué pasa cuando tras la esperanza de una vida mejor se somete a un pueblo y se ideologiza con fines particulares?

Las incógnitas que planteo acá pudieran llegar a formar parte de los vacíos de respuestas que muchos, quizás, tengan todavía en sus mentes ¡Y no es para menos! ¿Cómo creer que las promesas hechas por un líder iban a convertirse en un régimen de dominación y explotación de la población Rusa? Pues sí, difícil de creer – inaceptables para algunos -, pero lo que esperaban y soñaban los habitantes de Rusia no fue realmente lo que obtuvieron al final de cuentas.

En el libro “Rebelión en la granja” de George Orwell podemos ver reflejada claramente la idea de liberación por medio de la promesa hecha por el cochino Mayor – inicialmente – que luego sería suplantado por Napoleón, quien llenaría las mentes de los animales de la “Granja Animal” - luego de la rebelión – de ideas de igualdad, prometería una granja dominada por todos y para todos, donde la producción sería realizada por ellos mismos para ellos también. Pero con el pasar del tiempo, el verraco comenzó a cambiar planes y objetivos, hasta tal punto de ir introduciendo cambios en las leyes del animalismo para terminar en una total distorsión de lo que se supone perseguían al principio.
Lo que vemos en esta obra literaria, no es más que el reflejo de la ambición de poder propia de la raza humana y la perversidad de la mentira llena de incentivos pro-autoritarios y apoyados en la idea del líder mesiánico. Napoleón – el cochino -era el que tenía la razón y a quién debía obedecerse. Ahora bien, es oportuno hacerle una comparación con Lenin, que aunque no era un porcino, fue la viva imagen del líder mesiánico – además de los que le siguieron al poder.

Según la historia - que ofrece la vívida argumentación para sustentar posiciones - los totalitarismos tanto de izquierda como de derecha terminan en violencia y enajenan la voluntad del “individuo”, para terminar convirtiéndolo en una masa amorfa de la que salen los “humanos” que ya no son útiles para la producción y el beneficio del líder (Camarada Napoleón, Camarada Lenin…). Es crucial destacar lo referente a la enajenación, porque creo conveniente la toma de conciencia – antes ausente por la ignorancia – en este punto. Ni los animales de la granja, así como tampoco los habitantes de Rusia, debieron permitir la colectivización de sus vidas. Es decir, la igualdad para aquellos que estaban abajo – una igualdad desigual -, pero no para los que realizaban el “esfuerzo intelectual” y comandaban el nuevo sistema de gobierno, porque ellos sí podían darse vida de reyes ¡Viva la igualdad perfecta!, ¡La libertad plena!, ¡La dignidad enaltecida!, ¡Los ideales justos!, ¡El comunismo perfecto!... ¡Qué “cruentas y bellas” promesas! ¡Vaya manipulación!

Llegar a morir por la revolución - o rebelión -, tal como lo hizo Boxer es definitivamente la máxima expresión de la enajenación y la mayor demostración de que los intereses de un grupo de humanos pueden reinar sobre otro gran grupo, con el fin de explotarlos y aprovecharse de ellos sometiéndolos a la subyugación hasta inconciente, que termina siendo peor que la anterior – La dominación de Jones y Nicolás, el Zar-. Recordemos que somos iguales por un lado, porque compartimos una raza en común, pero tan diferentes a la vez porque somos individuos con necesidades y potencialidades diversas. El comunismo no cabe en una sociedad pluralista y democrática, por más disfrazado que se presente ¡No lo podemos aceptar ni en Venezuela ni en el mundo!

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